Se va a privatizar
la Empresa Nacional de Autopistas, que tiene su mejor activo
en la Autopista del Atlántico. Mejor sería detener la venta
y transferirla.
La autopista del Atlántico
tenía que estar abierta al tráfico en 1982, pero 20 años
después aún está en obras el tramo de Puxeiros a la
frontera portuguesa. Audasa, la sociedad concesionaria, nació
como empresa privada pero pasó a pública por culpa de cuatro
energúmenos que no querían la autopista. La quiebra de la
empresa se derivó de una decisión del Gobierno central de
mantener cerrado el puente de Rande durante dos años cuando
el dinero era carísimo. El Estado se hizo con todas las
acciones en 1984 y prolongó la concesión diez años, hasta
2023. En febrero de 2000 se modificó la concesión original
incorporando la construcción y explotación de un nuevo tramo
de Fene a Ferrol, que tenía la consideración de acceso
norte, con un presupuesto de 23.799 millones de pesetas. Al
trasladar a Audasa esta obligación de Fomento, el ministerio
amplió la concesión en 25 años, hasta 2048. Realizada la
licitación se adjudicó en 11.540 millones. Sin embargo,
Fomento no redujo la ampliación. De esta manera ahí tienen
ustedes a todos los usuarios de la autopista desde Fene hasta
Tui apoquinando peaje 25 años más. No es justo que por la
desgracia del Discovery se le imponga a miles de
gallegos usuarios pagar peaje 25 años más de los previstos.
La sangría aún tiene
remedio. Galicia en este momento no está para regalar lo que
le corresponde porque falta hace para financiar las nuevas
carreteras. El pelotazo aún se puede detener: en vez de
privatizarla, transferirla a la comunidad autónoma para
invertir sus inmensos beneficios, que es dinero gallego, en
recuperar Galicia.