JAVIER
SÁNCHEZ DE DIOS
Pues no parece que hayan escogido mal momento, las gentes que
reclaman la gratuidad de la A-9, para insistir en sus demandas:
llegadas las vísperas electorales resultan especialmente oportunos
los recordatorios de promesas anteriores y los avisos para el caso
de que se hayan incumplido. Sobre todo si esas vísperas aparecen
complicadas para quienes tienen ahora el poder.
Las dos circunstancias se dan aquí, que conste. La primera porque
la promesa de gratuidad ha sido constante en el tiempo y reiterada
en cada elección por parte del PP y de la Xunta. La segunda porque
el incumplimiento es evidente, aunque más en unos sitios que en
otros: en el tramo coruñés de Barcala es absoluto y en el
pontevedrés de Rande relativo, con un sistema de subvención
demasiado complejo. Pero en ambos se incumple.
(En cuanto a la coyuntura, no hay que ser un genio de la
estrategia para advertir que, con las encuestas en la mano, el PP no
tiene una especial seguridad en el buen éxito electoral para el mes
de mayo. Y, en consecuencia, podría aceptar alguna demanda razonable
-y que no se plantee en forma de ultimátum- en asuntos de especial
interés ciudadano. Lo del peaje sin duda lo es y sus fontaneros lo,
saben bien. Y a la ocasión la pintan calva).
En el caso de la Autopista del Atlántico, además, aparece otro
elemento de especial oportunidad, como es la cercanía de un proceso
privatizador al que podrían acudir entidades de cierto carácter
público, como son las cajas. Y que, por ostentar esa condición,
deberían velar, aparte de por obtener beneficios económicos como las
otras, garantizar el interés colectivo.
Y no se trata de buscarle tres pies al gato ni complicar las
cosas demasiado, sino de recordar que la A-9 tiene, a diferencia de
otros viales semejantes, un aspecto vertebrador que obliga en cierto
modo a considerarla un caso especial. Y por eso resulta aún más
difícil asumir que no sólo no ocurre eso sino que, en términos
proporcionales, su peaje es uno de los más caros de España.
Ítem más: que hablando de momento y de oportunidad, quizá pudiera
relacionarse cuanto se ha dicho sobre la Autopista del Atlántico con
el hecho de que otra vía semejante -la de Santiago a Ourense- va a
ser construida por una sociedad pública gallega creada
exclusivamente para tal fin. Eso, y el anuncio de que su peaje
podría ser subvencionado, demuestra su indudable interés para el
país. Como el de la A-9, dicho sea de paso.
O sea, que quienes -Plataforma ciudadana y
PSdeG- resucitan la
cuestión de la gratuidad no sólo aciertan con el asunto sino con la
circunstancia. Y la Xunta, que ha hecho de él una especie de
jeroglífico, podría aprovechar la oportunidad y dar un paso
adelante. Que quizá resultase caro en términos iniciales pero que al
final saldría, probablemente, muy barato.
¿No...?.